
El destino quiso que fuera uno de los grandes personeros de la música cubana. Al son de la salsa interpretó grandes melodías pero siempre con su particular estilo, Raúl Sandoval cautivó al público con aquellas tonadas que desprendían de su trompeta.
Cada noche, como se ha hecho habitual en la vieja Habana, los cubanos se deleitan con los acordes que brotan de aquella singular trompeta, donde entre tono y tono cuenta historias de la isla. Si bien, el cubano baila, camina, y canta, canta hondo al ritmo embrujante de la percusión de la música, algunos sostienen que Sandoval refleja la idiosincrasia de ese particular caribeño.
Es sabido que el cubano siempre crea. Además, melodías que han recorrido el mundo, tanto o más que la de otros pueblos. Así, se hizo habitual, cada vez que Raúl Sandoval hacia sus presentaciones en el Teatro Municipal siempre acudía gran público a deleitarse con aquellas melodías que emergían de su trompeta. Una noche lo escuchó un productor español y quedó fascinado con su arte.
Es sabido que el cubano siempre crea. Además, melodías que han recorrido el mundo, tanto o más que la de otros pueblos. Así, se hizo habitual, cada vez que Raúl Sandoval hacia sus presentaciones en el Teatro Municipal siempre acudía gran público a deleitarse con aquellas melodías que emergían de su trompeta. Una noche lo escuchó un productor español y quedó fascinado con su arte.
Entre tragos de ron y mojitos, expusieron las diferentes alternativas laborales para firmar algunos contratos favorables para aquel músico donde las expectativas crecían a cada instante… (continuará)
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